Pues nuevamente, el Príncipe me avisa que se larga, otra vez, como el año antepasado en el que también nos arruinó el fin de año. Pero esta vez es partida recargada, porque se va justo en nochebuena, el 24 de diciembre. Ya me cansé de persuadirlo de que no es lo mejor, que los niños quedan muy mal cuando se va, que el niño lo necesita, y que finalmente los problemas económicos no se resuelven, al contrario, se hacen más agudos.
Pero no dije ya nada, ya no puedo hacer gran cosa, sólo queda reunir fuerzas, las necesitaré para respaldar a mis hijos.
Si tan sólo supiera de lo que se pierde, el daño que les hace, si supiera que esos instantes a los que está renunciando, no los podrá recuperar jamás. No ve que se quedan llorando, tristes, frustrados y contando los días que faltan para su regreso.
Ojalá encuentre lo que busca tal lejos.