miércoles, 10 de agosto de 2016

Pijamadas organizadas por hombres

Recuerdo cuando era niña y no me quería ir de una fiesta, era común que alguno de mis tíos dijera sin consultar a su esposa: pues quédate a dormir en la casa. Acto seguido mi madre me daba permiso; ninguna mamá diría una respuesta negativa si le quitan por una noche al escuincle. Observo que cuando se juntan los tíos, muy entusiastas (los hombres claro) hablan de juntar a todos los nietos para que se conozcan mientras las mujeres saben que les espera mucho trabajo si eso se llegara a realizar. 
En algún momento mi ingenua cabecita imaginó que yo podría descansar a pierna suelta todas las vacaciones, o al menos durante mi estancia en el gabacho, pero no, porque mi marido invitó a los sobrinitos a quedarse a dormir; el bomboncito fue a recolectar niños y acto seguido se encerró en su recámara a dormir, unos andaban corriendo, a otros se les ocurrió que era buena idea ponerse a cocinar dejando la cocina como una explosión de grasa y harina que obviamente no va a limpiar quien los convocó.
Me espera una noche larga, y a mi Príncipe Azul una reconfortante noche y mañana seguramente se levantará a medio día.
No me queda más que contar hasta 10, preparar dos litros de café, y mentar madres.
Hijo de la chingada.