Ya pasaron tres semanas y aún no puedo asimilar que fui a un concierto de Guns, aún no creo que estuve ahí.
Todo empezó cuando yo tenía 7 años, mis hermanos, más grandes que yo por 10 y 12 años respectivamente, no jugaban conmigo. Mis compañeros de juegos y mis cómplices fueron mis primos, a ellos les gustaba Guns n' Roses y cada que iba a su casa, sonaba el disco Appetite for Destruction y noté que había una canción en particular que me gustaba: Sweet chind o' mine. Después empecé a prestar atención a las demás canciones hasta que me terminó gustando más de la mitad del disco. Les pedí a mis padres que me lo compraran, me compraron el casete.
En mi cumpleaños número 8 sonó durante toda la fiesta el casete. Mis amigas llevaban puestos vestidos de olanes y yo lucía unos jeans, tenis y mi elegante playera de Guns n' Roses.
Duré años con ese casete, escuchándolo todo el tiempo ya que no era na época en la que fuera fácil hacerse de su música favorita, la costumbre era plantarse en el radio con la esperanza de que pasaran las canciones favoritas, pero en el radio no sonaba GNR.
Un día llegó a la casa el servicio de Telecable, descubrí el canal MTV, que se volvió mi canal favorito. Fue ahí donde conocí a los integrantes, donde tomaron forma las voces y los sonidos de mi casete "Apetite for destruction". Pasaba las tardes esperando ver algún video.
Lamenté mucho enterarme de la separación del grupo, durante mucho tiempo deseé haber nacido unos diez años antes para haber podido presenciar uno de sus conciertos.
La señora que le pintaba el cabello a mi mamá había ido a verlos a la ciudad de Guadalajara, y por si fuera poco los persiguió a su hotel hasta lograr conseguir una foto con Axl, a mí me gustaba acompañar a mi madre solamente para ver esa fotografía y lamentar estar demasiado chica como para haber hecho lo mismo, perseguir a mi banda favorita.
Pasaron los años y a pesar de que mis gustos musicales se diversificaron GNR siempre estuvo presente, era un gusto que compartía con mis hermano, de los pocos gustos que compartíamos porque él era doce años más grande. Era mi héroe y el rock era de lo poco que teníamos en común.
Me dio gusto el reencuentro de la banda, pensé que podría verlos por televisión o por internet o escuchar algún material nuevo. Cuando escuché que vendrían a México ni siquiera me planteé la posibilidad de asistir, puesto que nunca había ido a un concierto fuera de mi ciudad, y jamás había pagado más de 500 pesos por un boleto. Pensaba también que sería un problema el transporte, es caro ir a la Ciudad de México y además moverme de la central al Foro Sol no sería fácil. Publiqué en Facebook mis ganas de ir a ver si alguien me invitaba a irme en grupo pero no hubo respuesta. Me desanimé.
Al poco tiempo vi que se estaban varios tours para ir al concierto, además de que era barato sería de Morelia al Foro Sol y directo de vuelta, el mismo día. Entré a la página de Ticketmaster y ya se habían agotado los boletos. Lo había pensado demasiado. No me tocaba -pensé.
Se abrió una segunda fecha y asumí que se trataba de decisiones rápidas, así que compré mi boleto en una zona media en cuanto a precio y reservé mi lugar en el tour. Iría sola. Aún con el boleto en la mano, era algo que veía muy lejos, faltaban dos meses, y no me parecía real.
Tuve varios miedos, uno de ellos surgió al leer en internet que en algún tiempo se cancelaron conciertos por caprichos de Axl. Otro era que lo del tour fuera un fraude. Otro, que un imprevisto me impidiera llegar a tiempo y que el autobús se fuera sin mí. Que lo cancelaran por las inclemencias del tiempo. Todos los miedos se fueron agudizando conforme se acercaba la fecha.
Estuve al pendiente por internet de la llegada del grupo a México, de los detalles del primer concierto y empecé a sentir la ansiedad donde suele sentirse: en el estómago.
No pude dormir, estuve dando vueltas creando en mi cabeza la experiencia. Me levanté temprano y preparé todo lo necesario para mis hijos, incluyendo las maletas porque se quedarían con mi madre, que además de prestarme su tarjeta cuidó de mis hijos y se mostró empática con mi entusiasmo.
Fui a la casa de mi mamá a dejar la comida hecha desde temprano, era lo menos que podía hacer si me iban a cuidar a mis hijos todo el día. Me preparé, revisé por enésima vez mi bolsa para verificar que llevaba todo lo que necesitaba y me encaminé a la parada de la combi que me llevaba a Walmart. Sin embargo me desesperé y me subí mejor a un taxi. Cuando legué ya había mucha gente formada para abordar el autobús. Algo que no había contemplado es que me tocara un lugar feo, pues pasó: había un señor con el que ni su familia quiso viajar, estaba por demás corpulento y ocupaba asiento y medio. Me tocó viajar pegada al baño y a un lado de él, casi embarrada en la ventanilla. Ni eso bajó mi entusiasmo por el concierto.
Se hizo una parada en un restaurante de la carretera en Toluca, ahí fue donde resentí el haber ido sola. En los alrededores no había nada más que ese restaurante, por lo tanto todos se metieron ahí, pensaba hacer lo mismo pero vi que en todas las mesas había grupos de personas, nadie iba solo. No me atreví a sentarme en algún rincón, aislada y comiendo sin compañía, así que me quedé afuera estirando las piernas. Fui la fotógrafa de los grupos que se tomaron fotos en la orilla de la carretera, emocionados porque ya faltaba poco para llegar. Yo no tenía con quién tomarme fotografías.
Cuando llegamos al Foro Sol ya se sentía la euforia. Lo primero que hice fue comprar una playera y entrar al baño. Decían que adentro la comida estaba carísima pero afuera no se veía nada de puestos. En un rincón estaba un puestesito de tacos de canasta, ahí comí antes de entrar.
Pasé por todos los filtros y ya adentro me coloqué en mi lugar, mismo que tuve que dejar para resguardarme porque empezó a llover a cántaros, con todo y granizo. Nuevamente me asaltó el miedo de que se cancelara por lluvia. Regresamos a los lugares y empezó a llegar más gente, unos chicos que eran de León me incluyeron en su relajo, conversamos todo el rato que estuvimos esperando, cantamos y gritamos juntos durante el concierto.
Al grupo telonero ni atención le puse, yo seguía sin creer que me encontraba ahí para ver a Guns n'Roses. Después, una espera de media hora, los ánimos se intensificaron. Sonó la melodía de los Looney Toons, un silencio y después ruidos de instrumentos.
Yo podía sentir la adrenalina en cada parte del cuerpo, mi banda favorita, la música de toda mi vida a punto de sonar en vivo. "Hola" dijo Axl y estallaron los gritos junto con la canción It's so easy. Se escuchaba la gente gritar y a mi garganta no le puso salir ni el mínimo sonido, me quedé petrificada.
Fue hasta la segunda canción, Mr. Brownstone, que dejé salir el primer grito y la tercera canción fue la que me hizo desfogar toda la emoción contenida, esa canción fue Welcome to the jungle. Sentí una especie de escalofríos que nada tenían que ver con la lluvia, cada canción me despertaba una emoción diferente y me remitía a distintos momentos de mi vida, el concierto fue una montaña rusa de emociones. Las personas que iban en grupo se volteaban a ver con sus amigos como para verificar que era verdad lo que estaban viviendo, se abrazaban, chocaban sus palmas. Yo volteaba a mi alrededor y más me daba cuenta de que estaba sola en medio de 64 mil personas. Eso no impidió que disfrutara el concierto, sabía que estaba viviendo una de las mejores experiencias de mi vida. Al salir caminé hacia el autobús no sin comprar unos cuantos souvenirs que ahora se han convertido en un tesoro intocable. Me acomodé en mi lugar y traté de dormir, así, con la ropa empapada, con un tipo demasiado robusto a mi lado que no me dejaba ni moverme, con frío, con ganas de vomitar porque a la entrada me quitaron mis dramaminas, pero contenta, feliz.
Llegamos a las 5 de la mañana y todavía nos tomó algo de tiempo encontrar taxis, la gente empezaba a ir a su trabajo.
En los siguientes días no pude hablar de otra cosa, no pude escuchar otra música y aún ahorita, a casi dos meses, quedan restos de emociones y gritos que se quedaron atorados en la garganta. De los mejores recuerdos que atesoraré hasta que muera.