jueves, 18 de diciembre de 2014

Otra vez

Pues nuevamente, el Príncipe me avisa que se larga, otra vez, como el año antepasado en el que también nos arruinó el fin de año. Pero esta vez es partida recargada, porque se va justo en nochebuena, el 24 de diciembre. Ya me cansé de persuadirlo de que no es lo mejor, que los niños quedan muy mal cuando se va, que el niño lo necesita, y que finalmente los problemas económicos no se resuelven, al contrario, se hacen más agudos.
Pero no dije ya nada, ya no puedo hacer gran cosa, sólo queda reunir fuerzas, las necesitaré para respaldar a mis hijos.
Si tan sólo supiera de lo que se pierde, el daño que les hace, si supiera que esos instantes a los que está renunciando, no los podrá recuperar jamás. No ve que se quedan llorando, tristes, frustrados y contando los días que faltan para su regreso.
Ojalá encuentre lo que busca tal lejos.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Crema y aguacate

Seguimos con los andares de mi padre jubilado, se ha vuelto servicial y amable. Van dos ocasiones que me pongo a trabajar en la casa de mi mamá, en el comedor, y mi papá me prepara un aparentemente delicioso sandwich de jamón, con mucho aguacate y crema.
Dos de los complementos que no soporto cuando se encuentran en abundancia en la comida, son precisamente, la crema y el aguacate. 
En agradecimiento y con una dificultad titánica, embutí el bocadillo, no podía ser de otra manera, mi papá muy pocas veces tuvo tales atenciones conmigo.

lunes, 27 de octubre de 2014

Lo que hace la jubilación

Mi papá era una persona que aún teniendo al alcance de su mano, en la mesa, una jarra llena de agua y un vaso limpio, no era capaz de servirse así se estuviera muriendo de sed, para eso estábamos las mujeres. Si no había quien le sirviera no comía, y por supuesto se enojaba porque tenía mucha hambre. Si se trataba de ponerle crema y queso a los tacos, tampoco. Totalmente dependiente de las mujeres de la casa, principalmente de mi mamá.
Me hizo mucha gracia verlo viviendo solo cuando tuvo que irse por cuestiones de trabajo a otra ciudad: se servía la comida en un recipiente de 5 litros, ponía a calentar casi dos litros de agua para hacerse un café, quemaba las tortillas.
Cuando volvió a la casa conservó un grado mínimo de independencia, el más mínimo; sigue preparándose su propio café, pero si hay quien lo haga, mejor lo pide.
Tiene dos meses jubilado. Cada mañana diligentemente lava los platos, y aunque a los demás nos da gusto, debemos lidiar con sacar un plato de la alacena y que esté lleno de agua, porque mi papá es práctico: lava los trastes y éstos no pasan por el escurridor, van directo a la alacena; pero nadie le dice ni le dirá que eso no se hace, porque peor sería que no los lavara. También hay que escuchar regaños que antes eran propios de mi madre como: lave cada quién su plato, en un ratito esto se vuelve a llenar, no dejen trastes dondequiera.
Me apoya llevando a mi hijo a la escuela, al principio yo lo creía incapaz de ponerle el uniforme, pero para mi sorpresa, mi papá lleva a mi hijo perfectamente peinado y con el uniforme completo, apunta la tarea y me da todos los recados.
Las sorpresas no han parado, ya van dos veces que me encuentro trabajando en casa, ya sea preparando clases o escribiendo algún artículo o avanzándole a mi tesis, y mi papá me acerca un vaso de refresco, un café (extremadamente dulce), un pan, galletas, un taco (con la tortilla quemada), lo que sea. Lo desconozco.
Hace poco se sentó pensativo y dijo: "Ay cabrón, ya se nos fue la semana".
Y rectificó: "Bueno, y a mí qué chingados me importa que la semana se acabe, si ya no tengo que ir a trabajar".

sábado, 18 de octubre de 2014

Buscar casa

Nunca en mi vida me había visto en la necesidad de buscar una casa, sí de cambiarme, llegar a una ciudad nueva, pero jamás de buscarla yo misma. Ahora que lo hice por primera vez puedo decir que es horrendo buscar una casa, sobre todo cuando son tantas mis especificaciones.
Primero, la zona, necesito y quiero vivir cerca de los lugares a los que debo ir: escuelas de los niños, los trabajos, casa de la abuela. Esto reduce el territorio posible a 4 colonias.
Si es departamento quiero que sea totalmente independiente, que no tenga que compartir ni un solo pasillo con los vecinos.
El tamaño no importa, solo quiero que el poco o mucho espacio esté bien distribuido.
Quiero dos recámaras, mínimo.
Que tenga patio de lavado, no quiero compartir ni lavadero ni tendedero y mucho menos lavadora con los vecinos.
Que no haya vinaterías, cantinas o depósitos a menos de dos cuadras.
Que me acepten con niños.
Que no esté feo y deprimente.
Que no rebase cierto precio.

En dado momento me canséde buscar, de acercarme a leer obsesivamente cada cartulina fosforescente que veía en la calle, de compar diario el periódico, revisar en internet y no encontrar nada que me satisfaciera. Y tomé una determinación: me iré hasta donde el viento me lleve, y si me quedo en la calle, mejor, al menos ahí no pago renta, puedo elegir libremente y mudarme cuantas veces quiera.

Pero... encontré, el lugar perfecto y dentro de mi presupuesto, ahora falta cerrar el trato, hacer la mudanza y como Murphy jamás me falla, encontrar mejores opciones que las que elegí, y hacer un berrinche del tamaño del mundo.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Los Baby Shower

Qué mejor manera de inaugurar un blog, que confesando lo que tando he callado: ODIO LOS BABY SHOWER, siempre los he odiado.
No sé qué clase de encanto puede tener todo lo que ahí se hace, por qué no se puede solamente convivir, llevar regalitos, expresar buenos deseos, o incluso hacer juegos de habilidad donde no se ponga en juego la dignidad del ser humano. Hay actividades a las que no les veo necesidad alguna:
  • Llegar y que pongan un gafete con el nombre de un artículo de bebé, y así toda la fiesta se tienen que llamar entre sí con los nombres: chupón, pañal, biberón. Si alguien no lo cumple, le quitan el distintivo y al final la que tenga más distintivos gana un premio.
  • Una variante de este juego, es que quien no use los apelativos asignados, es decir, que llame a las personas por el nombre que sus padres les dieron, como debería ser; les colocan un pañal enorme de tela, y ésta es la menor de las vejaciones.
  • No hay en el mundo nada más vulgar que el juego del jitomate, la embarazada se sienta, se coloca un medio jitomate entre las piernas para que alguien más simule un tacto. Sin palabras.
  • Que hagan juegos donde las invitadas deban actuar ridículamente como bebés: gatear, tomar cerveza en un biberón. Un total atentado contra la integridad de cualquier ser humano.
  • El juego del Gerber, donde una invitada alimenta a la otra, ambas con los ojos cerrados. ¿De verdad lo disfrutan tanto?
  • Poner en varios pañales desechables cosas comestibles que tengan aspecto desagradable: frijoles, crema de cacahuate, etc. Una especie de castigo es comer un poco de eso.
  • Hacer carreras donde cada participante sostiene un limón entre las rodillas, esto para simular el caminar de un bebé. 
¿Así es como se le da la bienvenida a un bebé? Si pudiera él ver lo que se hace en su nombre, seguramente moriría de pena ajena. He asistido a fiestas para mujeres-a-punto-de-parir que no necesariamente son desagradables, son juegos divertidos de habilidad mental, habilidad manual. No termino de entender la necesidad de humillar a los invitados. Cada que me invitan a un Baby Shower siento un gran peso sobre mis hombros, un compromiso. Después de haber asistido a tantas reuniones del estilo, puedo admitir que no me gustan, las aborresco, pero seguiré asistiendo mientras se trate de alguien a quien yo aprecie mucho, y más vale que ellas lo valoren, porque no tienen idea de la incomodidad que representa y del valor que necesito reunir para llegar y exponerme a semejante barbarie.