Una boda por la iglesia está llena de romanticismo, siempre, más que la del civil por mucho que hagan fiesta en grande. La iglesia, las flores, la marcha nupcial, los votos, todos esos simbolismos que representan el ideal (del año del caldo) de la dinámica matrimonial. Es un gasto enorme, sí, pero quedan las fotos y el video que se le mostrará a cualquiera que visite el nuevo hogar y con el tiempo, también a los nietos, colgará en la pared la fotografía ampliada que al paso de los años contrastará en jovialidad con los esposos.
Sin embargo, existe una desventaja que nadie toma en cuenta y de hecho nadie nota sino hasta que se ve rodeado, invadido, saturado de ahijados. Para cualquier sacramento a celebrar en la iglesia se sugiere que los padrinos, si son pareja, estén casados por la ley de Dios. Dado que hoy en día son pocos los que cumplen con el trámite, a los pocos que quedan se les carga la mano, y feo.
Anteriormente se hacía la elección de padrinos por el aprecio que se les tuviera, por el buen ejemplo que pudieran dar al ahijado; ahora se elige en función del poder adquisitivo que tenga el padrino y, en el último de los casos, cualquiera que esté casado por la iglesia sirve.
Mi primer ahijado fue de bautizo y lo adquirí cuando no estaba casada, en este caso sí fue especial porque nos eligieron a Príncipe Azul y a mí porque creyeron que éramos los adecuados, debimos hacer todo un trámite con testigos de por medio para demostrar que no vivíamos "en pecado". ¿No duermen en la misma cama? preguntó el padre, pero nada dijo sobre hacer otras cosas, así que técnicamente no mentimos cuando dijimos que no.
El segundo ahijado era hermano del primero, ya estábamos casados pero el momento fue menos emotivo ya que a los papás del niño se les salió decir: es que no se nos ocurre quién más.
El tercero y cuarto venían en paquete, dos niñas (una hermana y la otra sobrina de Príncipe) que harían la Primera Comunión. Eso de los apadrinamientos comenzó a cansarme porque esta ceremonia fue el 25 de diciembre a las 8 de la mañana, sí después de navidad, crudos y cansados cumplimos con nuestro compromiso.
El quinto ahijado fue la hija de mi hermana, una niña que en este momento me da algo de desconfianza, pero de bebé era linda. Todo lo relacionado con su bautizo fue raro, incómodo porque el sacerdote tenía intereses personales en la familia (esos sujetos también tienen su corazoncito), eso sin mencionar que se perdió el rastro del sacerdote y de la ceremonia, en el templo no hay nada que demuestre que mi sobrina fue bautizada, lo que para efectos prácticos, me libera de un ahijado.
El sexto ahijado se dio de manera rara: Príncipe tuvo la brillante idea de ir al lugar donde vivió su infancia a ver si aún podía encontrar a quien fue su compañero en el kinder. Lo encontró y regresó de Tafetán con la noticia de que seríamos padrinos del hijo de éste, que por cierto, aún venía en camino. Viajé dos veces a Tafetán, una para conocer a mis futuros compadres, otra para el bautizo. No es bonito llegar a una casa donde no existe la total confianza de entrar a la cocina y simplemente tomar un vaso de agua, menos cuando se tienen 5 meses de embarazo. Al final de la ceremonia los compadres expresaron su deseo de pasar una temporadita en Morelia, particularmente en nuestra casa. No una visita de fin de semana, no, una "temporadita. Nunca me había dado tanto miedo un diminutivo. Dijimos que teníamos cosas por hacer y que nosotros nos pondríamos en contacto. Desaparecimos, huimos como de una peste y cambiamos nuestros números de teléfono.
El séptimo ahijado venía de una familia que apreciábamos, nos lo pidieron de la manera más sensata. El papá del niño había perdido recientemente un hermano en las mimas fechas que nosotros perdimos un bebé, y también un bebé de ellos nació, decidieron ponerle el nombre del tío, Yony (sí, no Johnny ni Jonny, Yony) y como pensaban que de alguna manera estábamos unidos por las pérdidas, pensaban que unirnos en esta ceremonia nos hacía de alguna manera homenajear a nuestro hijo y a su hermano, que prácticamente se fueron juntos. Fue el segundo "madrinazgo" que disfruté.
Mi primer ahijado hizo la Primera Comunión, fue la octava vez que fui a pláticas al templo, compré ropa y una vela, y que acudí puntualmente a una ceremonia. Sinceramente ya estaba harta, porque para esas fechas Príncipe ya no vivía en la ciudad y por supuesto, todo lo tuve que hacer yo, desde ir a pláticas una semana entera, hasta ir a la ceremonia que para colmo, cayó el día de mi cumpleaños y para rematar, el niño haría la Comunión y la confirmación el mismo día. La primera ceremonia fue a las nueve, una modesta misa de 3 horas, de ahí nos fuimos a desayunar y de ahí regresamos a la iglesia para la segunda ceremonia que terminó a las 3 de la tarde. Después llegó la hora de "disfrutar" la fiesta (¿sí mencioné que ya estaba hasta la madre?). Me pude liberar como a las 7 de la noche para entonces sí, ir toda cansada y enfadada, a festejar mi cumpleaños con una amiga.
Hay un octavo ahijado. Nunca he entendido para qué demonios la gente elige padrinos de graduación, honestamente no le encuentro sentido, como si no fuera suficiente comprometer a la gente con las ceremonias religiosas. En realidad Príncipe fue elegido por una prima suya que recién terminaba la secundaria, a él le resultó fácil decir: pues no estoy yo pero está Gaby. Y ahí voy, con una niña de 7 años que no quería ir, un bebé que apenas empezaba a caminar y el tradicional arreglo de flores. La escuincla ni me saludó, es más ni siquiera se me acercó. Noté un poco forzada la invitación a almorzar, intuyo que no tenían nada preparado y esperaban que me fuera después de la ceremonia, y lo habría hecho, pero la graduada no se me acercó ni para recibir lo que llevaba para ella. Además del arreglo le di un estuche de maquillaje con unos 4 o 5 artículos para su belleza personal; así como me recibió el regalo, así lo dejó en un rincón, no lo abrió; se cambió y se salió a la calle con sus amigas. Años después me busca por Facebook diciendo: hola madrina. ¡Horror!
Por último, mi ahijado número nueve. Me pidieron los datos de quien va a ser la madrina de mijo, como nomás me sé datos tuyos, te puse a ti -dijo mi hermana. Casi lloro de la emoción y de la emotividad del momento. Al rato son las pláticas -dijo mi hermana, para sugerirme que fuera. No pude ir, me avisó dos días antes la fecha y hora de la ceremonia, tampoco pude ir. En la boleta consta que yo fui su madrina de Confirmación, pero en realidad fue mi madre, de mala gana por cierto.
Si de algo estoy convencida es que ya no quiero más ahijados, la única vez que fue mi iniciativa ser madrina, resulta que ya tenían a alguien.
Todo esto es consecuencia de haber dado el "sí" frente a Dios, y ahora hay 9 inocentes con padrinos divorciados. Que Dios me perdone, pero él empezó primero.