Hoy escuché una conversación en el trabajo. Llegué a la sala de maestros y un par de compañeros estaban casi al final de una conversación.
-La próxima semana vemos eso, es que ahorita es imposible, no me queda tiempo de nada. Como mi esposa fue a visitar a sus papás debo llegar a la casa, hacerme de comer, preparar mi ropa del siguiente día, hacer aseo. Ya sabes, esas cosas. Y pues está canijo.
-No sí, está pesado.
Al inicio pensé que el maestro se encontraba cuidando un familiar enfermo o algo que de verdad devore el tiempo de una persona. Pero no, encargarse de sí mismo es un trabajo pesadísimo, que mejor lo haga su esposa.
Nunca he sido feminista ni pretendo serlo pero reconocer que el trabajo de casa es pesado y desear que la mujer regrese para que se siga encargando de ello me parece una infamia, como infame me parece que sea lo principal que se extrañe de una pareja: no la convivencia, ni su compañía, sino su trabajo.
Si es pesado encargarse de uno mismo, deberían imaginar cómo es encargarse de sí mismo y además del marido y de los hijos si los hay. No es trabajo extra ser autosuficiente. Deberían decapitar a los que dicen que están de nana cuando les toca cuidar a sus hijos.
Lo peor de todo es que cuando una mujer sale a trabajar debe además encargarse de los demás y al final de sí misma. Afortunadas las que no están en esa situación y pueden presumir de que el trabajo de casa está equitativamente repartido.
La única ventaja que le encuentro es que se disfruta enormemente ver al marido hacerse bolas con la labor de amo de casa. Mirarlo todo desamparado como niño abandonado a su suerte. Con la ropa arrugada, ojeras y al borde de la desnutrición.
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