Nunca en mi vida me había visto en la necesidad de buscar una casa, sí de cambiarme, llegar a una ciudad nueva, pero jamás de buscarla yo misma. Ahora que lo hice por primera vez puedo decir que es horrendo buscar una casa, sobre todo cuando son tantas mis especificaciones.
Primero, la zona, necesito y quiero vivir cerca de los lugares a los que debo ir: escuelas de los niños, los trabajos, casa de la abuela. Esto reduce el territorio posible a 4 colonias.
Si es departamento quiero que sea totalmente independiente, que no tenga que compartir ni un solo pasillo con los vecinos.
El tamaño no importa, solo quiero que el poco o mucho espacio esté bien distribuido.
Quiero dos recámaras, mínimo.
Que tenga patio de lavado, no quiero compartir ni lavadero ni tendedero y mucho menos lavadora con los vecinos.
Que no haya vinaterías, cantinas o depósitos a menos de dos cuadras.
Que me acepten con niños.
Que no esté feo y deprimente.
Que no rebase cierto precio.
En dado momento me canséde buscar, de acercarme a leer obsesivamente cada cartulina fosforescente que veía en la calle, de compar diario el periódico, revisar en internet y no encontrar nada que me satisfaciera. Y tomé una determinación: me iré hasta donde el viento me lleve, y si me quedo en la calle, mejor, al menos ahí no pago renta, puedo elegir libremente y mudarme cuantas veces quiera.
Pero... encontré, el lugar perfecto y dentro de mi presupuesto, ahora falta cerrar el trato, hacer la mudanza y como Murphy jamás me falla, encontrar mejores opciones que las que elegí, y hacer un berrinche del tamaño del mundo.
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